Estar fuera de casa no es fácil. Vivir en el extranjero es otro nivel. Escuchar un idioma diferente y una cultura que nada tiene que ver con la tuya, trae nostalgia por lo nuestro. Pero hay dos cosas que siempre me conectan con mi tierra: el té y las aves.

Después de que papá resolvió hacer rancho aparte, éramos dos en casa: mamá y su engendro. Mamá adoptó una costumbre que me marcó para siempre. Cada mañana preparaba té para dos y se sentaba en el balcón a poner alpiste. Nuestras amigas siempre estaban atentas.

—Me gusta el canto de las aves —decía—, pero no las quiero ver enjauladas. No dejes que nada ni nadie te encarcele el alma —me aconsejaba, mientras aves de todos los colores llegaban de visita.

¿Has visto guacamayas en láminas o en la pantalla de tu smartphone? Yo las vi comiendo en mi balcón. Ese espectáculo, junto a la sonrisa de mamá, fueron momentos inolvidables.

Pero lo que más recuerdo fue el día en que un ave comenzó a hacer nido bajo el techo del balcón. Lo vimos llegar cargando paja en su pico, mientras probamos el primer sorbo de té en la mañana, en mis vacaciones.

—Te reto a que cuentes cuántos viajes hace para construir su nido —me dijo mamá.

Cumplí el reto. No me despegué del balcón durante el día. El problema es que la noche llegó ¡y de aquello nada! Parecía más un montón de basura que un nido. Pasaron ocho días, dibujando, tomando delicioso té con galletas y contando viajes en mi libreta de apuntes, hasta que por fin terminó de construir su hogar bajo el techo de mi balcón.

—¿Cuántos viajes estarías dispuesto a hacer para cumplir tus sueños? —me preguntó mamá, antes de decirle la cifra que había apuntado en mi libreta.

Sonreí porque entendí lo que pretendía mamá con el reto. Le contesté: 5027.

Mamá ya no está. Ahora viajo por el mundo. No importa el lugar de habitación, siempre que tenga balcón. Cada mañana preparo té para dos y alpiste. Los cantos de las aves me recuerdan la sonrisa de mamá; verlas volar me reta a que nada ni nadie me haga prisionero, y hacer todo lo que sea necesario hasta construir mis sueños.

Preguntame, ¡yo te puedo ayudar!